Explicación a cargo de Padre Eduardo Pérez para la emisión en directo el 20 de setiembre de 2021 de la Coronilla de la Divina Misericordia y el evangelio del día.
Nos acompaña en la reflexión de hoy un santo muy especial, San Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote español del siglo XX fundador del Opus Dei.
Dice en una de sus enseñanzas: Debemos evitar el error de creer que el apostolado se reduce a algunas prácticas piadosas.
Tú y yo somos cristianos pero al mismo tiempo, y sin solución de continuidad, es decir sin poder evitarlo, somos ciudadanos y trabajadores con obligaciones muy precisas que debemos cumplir de manera ejemplar si de verdad queremos santificarnos.
Es Jesucristo quien nos acucia,
quien nos empuja. No se enciende una vela para meterla en debajo del celemín
sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Alumbre
así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria
al Padre vuestro que está en el cielo.
Nos dice el santo, el trabajo profesional cualquiera que sea,
llega a ser una lámpara que alumbra a vuestros colegas y amigos. Por eso, dice,
tengo la costumbre de repetir qué me importa que me digan que tal persona es un
buen hijo, un buen cristiano si luego no es un buen zapatero? Si no se esfuerza
en aprender bien su oficio y ejercerlo cuidadosamente no podrá santificarlo ni
ofrecerlo al Señor.
Y la santificación del trabajo diario es, por decirlo de
alguna manera, la bisagra de la verdadera espiritualidad para todos nosotros
que, sumergidos en las realidades temporales, hemos decidido tratar con Dios.
Sumergidos en las realidades temporales.
Uno de los errores del cristianismo o de un falso
cristianismo, es el de convertirse en una ideología que nos saque de la
realidad. Cristo no ha venido a sacarnos de la realidad. La espiritualidad, si
es verdadera, se fundamenta en la
humanidad y donde no hay humanidad muy difícilmente, o mejor dicho de manera
imposible, puede haber espiritualidad.
Una persona que no es honesta, que no es esforzada, que no
es amable muy difícilmente va a prestar una humanidad al Señor para que sobre
ella se edifique la santidad. El Señor necesita una materia que modelar. El
Señor necesita un sustrato humano para poder edificar sobre el la torre de la
santidad.
Nadie que ha encendido una lámpara la tapa con una vasija o
la mete debajo de la cama sino que la pone en el candelero.
El candelero de tu luz, el candelero de tu fe, es tu
humanidad. Tu fe no va a ser creíble, la mía tampoco, si estoy todo el día
enfadado, si salto a la primera, si no soy amable con los demás. Mi fe no va a
ser creíble si no soy un buen sacerdote, un buen vecino, un buen cliente cuando
voy a una tienda. Si en tu trabajo no eres puntual, no eres honesto, no eres generoso, no eres amable, tu vida cristiana no va a ser creíble.
Si algo tienen los santos es que son creíbles. Si algo
tienen los santos es que han prestado al Señor su humanidad y la han trabajado.
Se han esforzado por labrarla según el evangelio.
San Francisco de Sales era un hombre muy enérgico, con mucho
genio pero tuvo que labrar esa manera de ser, tuvo que cuidarla tuvo que
aguantarse muchas veces de reprochar a los demás sus faltas para poder cultivar
una personalidad atrayente, dulce,
cercana, compasiva.
Tenemos que trabajar nuestra humanidad para poder, sobre
ella, edificar nuestra vida espiritual.
El evangelio de hoy nos habla si, de la evangelización, del
apostolado pero al mismo tiempo nos habla de la vasija sobre la que ha de
ponerse esta evangelización, este apostolado.
Esto no significa, de ninguna manera, que para evangelizar
tengamos que ser perfectos. Para nada. Si así fuera, solo Cristo podría en
verdad evangelizar.
Todos nosotros estamos llenos de defectos, llenos de
heridas, de un pasado lleno de errores, de pecados. Todos nosotros participamos
de la humanidad y del pecado original. Sin embargo, cuántas veces hemos visto
estas lamparitas modernas, superbonitas,
que son algo así como una vasija grande donde hay algunos agujeros y
dentro de la vasija se pone una velita. Y la luz de esta vela ilumina
precisamente por los agujeros de la vasija. Los agujeros, que parece que han
inhabilitado la vasija para contener agua porque está rota, porque está
agujereada, porque está perforada, en realidad convierten la vasija en una
lámpara.
Es por las heridas por donde sale la luz. Como también es
verdad que si metes veneno en esa vasija rota, también por las heridas saldrá
el veneno.
De nosotros depende que queremos que salga por nuestras
heridas.
Cuantas personas me toca encontrar en el día a día que han
convertido sus malas experiencias de vida, los sufrimientos, las traiciones,
las desconfianzas, los fracasos de la vida los han convertido en el lugar por
el que Dios ilumina a los demás. El agujerito de su corazón se ha convertido en
un lugar de evangelización. Porque no fueron queridos de niños, por esto están
especialmente capacitados para acoger a los demás, para comprender el
sufrimiento de los demás. Porque pasaron necesidad en una cierta etapa de su
vida, por eso, saben lo que es tener hambre y son especialmente cercanos a los
pobres. Porque tuvieron una experiencia matrimonial dura, ahora se han
convertido en bálsamo para otros que pasan experiencias parecidas.
Y tú. Pregúntale al Señor ¿Cuál es tu herida? ¿Cuál es tu
vasija? ¿Por dónde te has roto?
Seguramente por ahí querrá el Señor hacerte luz para los demás
No escondas tu lámpara por vergüenza. No la tapes, sino que,
ponla en el candelero para que los que
entren vean la luz del Padre.
María madre nuestra, bendícenos pues somos tus hijos. Acoge
nuestras heridas y conviértelas en luz para aquellos que están a nuestro lado.